

Están catalogados dos castros:
-Castro de la Garba:
El poblado de la Garba está situado a 734 metros de altitud (lat. 43º 9’14.4’’ N y log. 6º 4’14.18’’ W) en la falda occidental de la sierra Sobia, sobre las localidades de Carrea, Berrueño y Sobrerilla, desde la que se puede acceder a la colina donde se encuentran los restos del castro, siguiendo pistas ganaderas.
Catalogado el 30 de Mayo de 1971 por J.M. González (1976), siguiendo las indicaciones toponímicas del filólogo García Arias (1993), y posteriormente incorporado a la carta arqueológica comarcal (Estrada 2000), es a comienzos del siglo XXI cuando el arqueólogo D. Alfonso Banjul Peraza decide elegirlo para estudiarlo debido a sus grandes dimensiones y su peculiar ubicación.
La colina alargada sobre la que se ubica el antiguo castro, está actualmente cubierta de un enorme bosque de castaño joven y robles, mostrándonos en superficie, desde su extremo sur a la vertiente norte, los restos de diversas estructuras que identifican la existencia del poblado.
El acceso al castro se realiza principalmente desde el sector sureste, a través de una vaguada natural que conducía a un foso de entre dos y tres metros de de profundidad en cuyo interior se descubren los restos de la muralla del poblado.
Una vez salvada esta primera defensa artificial, el visitante se encuentra dentro de un sistema complejo de fosos y contrafoso central, donde a su espalda se levanta un antecastro de funcionalidad desconocida, y frente a él, la cabecera sur del poblado fortificado.
La subida a éste, se realizaba desde esa cabecera, coronada por una torre o bastión principal que dominaba el punto más alto del yacimiento arqueológico, vigilando de forma permanente la entrada en el mismo. Tal torre se observa en la actualidad, en forma de extenso conjunto de derrumbes de piedra caliza, que seguramente corresponderían a bloques de relleno de esta estructura que permanece sin excavar.
A partir de la entrada en el recinto castreño propiamente dicho, nos encontramos con un conjunto de hasta cuatro terrazas llanas, que descienden en altura hacia la vertiente norte, final del poblado que está defendido en este sector por la altura natural de la colina. Tales terrazas fueron en su día el espacio principal de hábitat y de ubicación de viviendas dentro del poblado.
Pese a su actual abandono, el entorno inmediato del castro de la Garba es un espacio privilegiado para el cultivo del cereal en altura por su insolación y composición edafológica.
En lo que respecta a la microtoponimia del entorno, destacamos dos elementos de gran singularidad histórica, por un lado el término "solatorre", hallado en la parte superior de la colina donde se ubica el yacimiento, y quizás está en relación con la reutilización medieval del mismo.
Con los datos que manejan los arqueólogos podemos asegurar que la totalidad del recinto fortificado original y de mayor extensión corresponde a la primera ocupación durante la edad del hierro, lo que incide en la potencia social de estas comunidades en las zonas de alta montaña antes de la llegada de Roma. Ese perímetro fortificado no parece alterarse durante el periodo romano a no ser por un cierto desmantelamiento de parte de las estructuras defensivas, con el fin de aprovechar al máximo la expansión urbana entre el siglo II y IV d.C.

-Castro de la Cogollina
Es el típico poblado en espolón, donde siendo inaccesible por la diferencia de altura en tres de sus cuatro partes, las defensas artificiales se concentran con mayor intensidad en la parte de más fácil acceso al yacimiento.
Ubicado a 700 metros da altitud y reconocido y catalogado por el profesor J.M. González en 1962 su topónimo está directamente relacionado con el relieve en forma de "cogollo", que sobresale en la cabecera de la colina. En la base del castro hubo un pequeño monasterio o convento en época moderna.
El sistema defensivo de acceso, se compone de un monumental conjunto de dos fosos y un contrafoso central excavado parcialmente en la roca. Las dimensiones de los fosos son de diez metros de anchura por cuatro de altitud. La orografía interior del yacimiento está formada por un conjunto de terrazas descendentes, es en la última de ellas donde observamos una amplia llanura, lugar inmejorable para la ubicación de la antigua zona de hábitat.
Del entorno histórico hay que destacar la presencia cercana de restos de una torre medieval en una colina cercana denominada la Colloga, y cuya evidente fortificación puede haber proporcionado el topónimo de "Castro" a la localidad en esos tiempos.
En cuanto al entorno económico, nos hallamos en unas laderas muy pronunciadas con leves vaguadas, de cierta calidad agrícola, cuya explotación se complementaba hasta hace poco con una ganadería de proximidad. La explotación de grandes rebaños de vacuno, en sierras que rodean esta localidad sido sin duda, la actividad económica tradicional por excelencia en la comarca.

