

Es una talla de finales del S. XIII. Madera policromada de 215 x 184 cm. Pertenece a una línea estética de componentes de tradición románica con adhesiones a la nueva sensibilidad gótica. Comparte rasgos formales con el de Santianes de Pravia y alguna similitud con los de Santullano, Tebongo, Cueras, Limanes y San Félix de Mirallo.
| Es éste un Cristo sobre cruz de gajos, con travesaños como troncos retoñados y pendiente de tres clavos. Es destacable la beatífica expresión de su rostro, de facciones idealizadas, sin huellas de padecimiento que emana una serenidad evocadora de la presentación románica, aunque ya no es la expresión del cristo triunphans que dirige la mirada al frente con la arrogancia del vencedor, sino el que, humillada su cabeza, se expone a la piadosa contemplación del fiel. El cabello cae por detrás de las orejas hacia los hombros formando bucles y la barba tiene un decorativo diseño. Los brazos están ligeramente elevados sobre la línea de los hombros. Se destaca intencionadamente la hinchazón de la vena humeral. Mantiene abiertas las palmas de sus manos y los dedos estirados, como será normal hasta el S. XIV, en que se contraerán en torno a los clavos. La incidencia bizantina se acusa en el riguroso modelado del tórax, con sus volúmenes geometrizados; los pectorales planos; las costillas se acusan con rotundidad por medio de incisiones paralelas, en disminución hacia el abdomen El perizonium o lienzo que vela su desnudez se aleja del faldellín románico; anudándose en el flanco izquierdo, descubre el muslo y genera una fuerte diagonal descendente hacia el extremo opuesto, tapando la rodilla. Los pies están sujetos sobre un solo clavo, cruzando el derecho sobre el izquierdo (esquema en aspa) y lejos del concepto románico. La cruz carece de supedáneo. |
Vista del Cristo, La Plaza |

